Cuando una empresa funciona sin contabilidad, el problema no siempre se nota de inmediato. A veces el negocio vende, paga sueldos y sigue operando con aparente normalidad. Sin embargo, el desorden contable es una bomba de tiempo que tarde o temprano estalla.
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¿Por qué la contabilidad es vital?
La contabilidad no es solo una exigencia técnica. Es la base para entender cómo está realmente una empresa. Sin registros claros de ingresos, gastos, impuestos y obligaciones, el empresario toma decisiones a ciegas. No sabe si gana o pierde dinero, no puede proyectar y, lo más grave, no puede responder ante la autoridad.
En Chile, la falta de contabilidad puede traer consecuencias serias. El Servicio de Impuestos Internos exige respaldo contable para determinar correctamente los impuestos. Si una empresa no lleva libros, o los lleva de forma incompleta, se expone a fiscalizaciones, multas e incluso liquidaciones de impuestos estimadas por la autoridad. En esos casos, el SII calcula según sus propios criterios, casi siempre en perjuicio del contribuyente.
Además, una contabilidad deficiente dificulta acreditar gastos, justificar ingresos o defenderse ante observaciones tributarias. La empresa queda en desventaja absoluta.
Problemas internos que se acumulan
Sin contabilidad, también aparecen errores cotidianos. Pagos duplicados. Deudas olvidadas. Proveedores impagos. Confusión con los sueldos y las cotizaciones. Todo se vuelve reactivo. Se apagan incendios, pero no se gestiona.
Esto afecta directamente la credibilidad del negocio. Bancos, inversionistas y proveedores suelen exigir estados financieros. Si no existen, las puertas se cierran.

Muchas empresas quiebran no por falta de ventas, sino por desorden. La contabilidad permite anticipar problemas, corregir rumbos y crecer de forma sostenible. Sin ella, el negocio queda expuesto, frágil y vulnerable.
No llevar contabilidad no es ahorrar. Es postergar un problema que, cuando llega, suele ser mucho más caro.
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