El comercio informal ha sido, por décadas, una puerta de entrada al emprendimiento para miles de personas en Chile. Vender en la calle, ofrecer productos sin intermediarios y generar ingresos inmediatos puede parecer una solución rápida. Pero no lo es del todo.
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Enumerando los problemas principales del comercio informal
Detrás de esta aparente facilidad se esconden riesgos que muchas veces se subestiman y que pueden frenar el crecimiento real de un negocio.
Uno de los principales problemas del comercio informal es la inestabilidad.
Al operar sin permisos ni respaldo legal, cualquier fiscalización municipal puede significar multas, decomisos o la imposibilidad de seguir vendiendo en un determinado lugar. No existe continuidad ni certeza. El esfuerzo diario queda expuesto a decisiones externas que dependen de ordenanzas locales y controles en la vía pública.
A esto se suma la ausencia de protección.
Un negocio informal no tiene acceso a financiamiento, no puede postular a fondos estatales ni establecer relaciones comerciales formales con proveedores o empresas. Tampoco permite construir historial tributario, lo que limita seriamente las posibilidades de crecer, profesionalizarse o proyectarse en el tiempo.
La informalidad también impacta en la imagen del emprendimiento.
Aunque el producto sea bueno, la falta de formalización genera desconfianza en clientes y potenciales aliados. Hoy, el mercado valora la transparencia, la trazabilidad y el cumplimiento normativo. Estar fuera de ese sistema es quedarse fuera de muchas oportunidades.

Formalizar no significa perder autonomía. Al contrario, es una herramienta para proteger el esfuerzo, ordenar las finanzas y abrir nuevas puertas. Inscribirse, obtener permisos y cumplir con lo básico transforma un trabajo precario en un negocio con futuro.
En Emprende.cl creemos que formalizar es avanzar. Porque emprender no es solo vender hoy, sino construir algo que pueda sostenerse mañana.
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