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  • Kentucky Fried Chicken: La perseverante historia del Coronel

    news_photo_63764_1432151208_630 (1)Al poco tiempo, logró abrir un nuevo restaurant en Salt Lake City y comenzó una travesía por todo el país ofreciendo su franquicia de pollos fritos. El trato era sencillo, si les gustaba su receta, el Coronel Sanders cobraría 1 centavo por cada plato de pollo vendido.

    Nacido en 1890 en una humilde familia de ascendencia  irlandesa, Harland Sanders -el mayor de tres hermanos- comenzó su infancia de una trágica manera, ya que sólo a los cinco años tuvo lamentar la pérdida de su padre. Esto trajo consigo que a temprana edad comenzara a trabajar en la granja familiar y también -por supuesto- a cocinar.

    Lamentablemente su desgracia no se detendría ahí, ya que fue forzado a dejar su casa a los 12 años  tras sufrir constantes malos tratos por parte su padrastro.  Viviendo ya en la casa de sus tíos, sólo tres años más tarde, cometería su primera “locura” al adulterar sus documentos y enrolarse en el ejército de Estados Unidos.

    Terminado su servicio, se mudó a Alabama donde contrajo matrimonio, tuvo hijos y estudió leyes por correspondencia. Comenzaba a dislumbrarse la mejor versión de Sanders. En esta etapa tuvo múltiples empleos,  pasó de operador de botes a vendedor de llantas, de granjero a corredor de seguros, pero finalmente el rumbo comenzaría a tomar sentido cuando emprendió con el negocio de las bombas de bencina. Y no precisamente por el petróleo.

    Comenzó a cocinar a todos los viajeros que pasaban por la ruta.  El buen sabor de sus preparaciones rápidamente se propagó  a través del boca a boca,  una de sus particularidades,  era que Harland atendía a sus comensales en su propio comedor. De esta manera, su popularidad llegó a tal punto que el gobernador de Kentucky, lo nombró “Coronel” del Estado por su contribución a la cocina de la región.Screen-Shot-2015-05-19-at-11.23.49-AM

    Dicho reconocimiento, sería un impulso fundamental para que 12 meses más tarde abriera su primer restaurant. En dicho lugar  -que hoy se conserva como museo- logró consolidar su propia receta de pollos fritos con 11 hierbas y especies que patentó en 1940.

    Lamentablemente para el Coronel, la autopista donde funcionaba su restaurant, sufriría grandes cambios  producto de la creación de otra carretera. Esto lo obligaría a vender los terrenos y quedar sólo con 100 dólares para subsistir. A los 62 años, Sanders tendría que ponerse nuevamente de pie.

    Al poco tiempo, logró abrir un nuevo restaurant en Salt Lake City y comenzó una travesía por todo el país ofreciendo su franquicia de pollos fritos. El trato era sencillo, si les gustaba su receta, el Coronel cobraría 1 centavo por cada plato de pollo vendido.

    Sólo 2 años más tarde, en 1964, Sanders tenía 600 establecimientos con sus productos en EE.UU y Canadá. Dicho año, vendería sus acciones a un grupo de inversionistas por US$2 millones y se quedaría trabajando en la empresa en el área de relaciones públicas y con un sueldo vitalicio. Ahí consolidaría su particular imagen que hoy es reconocida en gran parte del mundo.  Años después, a la edad de 90, Harland Sanders fallece producto de una leucemia.

    Fuente: Emprende.cl

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